Hola, me llamo Se... ¡La Criatura! Soy un chico argentino de 7 meses y medio, morocho y con ojos negros. Quiero con...
Ah, si, bueno, como dice el mono mario, a lo nuestro.
Hoy, mientras escribo esto, parece que el mundo anda por el veinticuatro de diciembre de dos mil nueve (después de cristo) según el calendario de la parroquia del padre Ramiro.
Qué tal.
¿Y vos tenes...? ¿21? Já.
¿Y vos tenes...? ¿21? Já.
(Inserte aquí su postulado navideño preferido. Si usted se atreve a recorrer la blogósfera interestatal encontrará de los más variados y variopintos y vari... ló bariló)
Pero de mí no lo vas a tener (al postulado navideño)
Y no porque me haga el guacho re pistola que meto los dedos en la corriente.
No.
Si de pedo entiendo que on es encendido.
Ni que nade en contra la corriente.
Si de pedo alcanzo a flotar.
Si de pedo entiendo que on es encendido.
Ni que nade en contra la corriente.
Si de pedo alcanzo a flotar.
(No) Lo hago porque no me sale. Es como natural. Un don. Una hinchada de huevos.
Algunos ven el lado positivo de las cosas. Para mi todo es una mierda.
Bueno, no tanto. Exagero, como acostumbramos.
¿Qué sería la vida sin un exégeta como yo?
Hay que tener esta jeta.
¡Qué grande ésta cajeta!
Lo importante es darle al bocado para pasar el mal trago.
Supongamos. Mentira, admitamos: las natividades son rutinarias.
Para mi, para mi familia, para mis amigos y para mi perro, que se murió hace rato.
Es la misma merma con alguna que otra variante.
Si pollo, si cerdo, si en tu casa, si en la mía, si y solo sí.
Pocho mete gol
Pero no quería hablar de eso, quería hablar del trago y la rutina.
A saber:
La familia va a misa. Nosotros bebemos.
La familia prepara la comida. Nosotros bebemos.
La familia come. Nosotros comemos. Y bebemos.
La familia brinda. Nosotros brindamos. Y bebemos.
¡Bebe! ¡Bebe! ¡Sacia tu sed!
Todo el año escabiando birra y ferné y en estas noches supuestamente especiales le damos al vino y al champán para compensar todo el año.
Como si hiciese falta.
Como si hiciese falta.
Gastamos nuestra moneda. Dos noches de ciento noventa y cinco noches. No es tanto. Si eso somos, pequeños burgueses jugando a ser dandys, terminando como grasitas re grosos.
We, loco, vamo a caranchear...
Pero no quería hablar de eso. Quería hablar de la religión.
¿Vos sabías que en un par de horas más una personita muy especial va a cumplir dos mil nueve años?
¿Qué no sabés de qué personita especial te estoy hablando?
De mí, por supuesto. Mirá:
Sí, soy yo, Cristo. La Criatura. Yo. Bueno, también soy Bin Ladín.
Todo por obra y gracia del Señor.
Alabado sea él.
No Alá no, él.
No, mentira, él no, ellos.
Pero no quería hablar de eso. Quería hablar sobre mis amigos y el después de doce.
Ya está, ya nació el niñito jesús, ya recibimos el calzoncillo blanco de papanuel, ya estamos bien comidos y bebados, es hora de salir a mostrarnos entre los conciudadanos cuánto amamos a nuestro dios, o al hijo de dios, o a William Dafoe.
En realidad, no sé porqué tanta histeria, si es siempre como decíamos antes, una rutina.
En el antes del bailongo, extraños ritos con baldes y malabares...
... sobrecargados gestos de amistad gay en la vía pública...

... y después del bailongo largas sesiones de desechos en el primer árbol a la vista...
... e increíbles partidos de fuchibol callejero con bolsas de basuras en el vecindario de al lado.
Sí, definitivamente la navidad apesta.
¿Esperabas alguna conclusión mejor?
Yo también.
¿Esperabas alguna conclusión mejor?
Yo también.
(ah, si, éste último soy yo... a veces las entidades celestiales solemos tomar configuraciones humanas bastante exóticas)









